Huir para obtener una "vida digna"

By john | el mundo

Sep 04

Palmira, departamento del Valle del Cauca, sur occidente de Colombia, en el corazón de la región de mayor desarrollo agroindustrial del país, es destino recurrente de desplazados de la violencia. Familias enteras llegan huyendo de los enfrentamientos entre grupos armados y de las amenazas de la guerrilla y los paramilitares en su pugna sin fin por el control territorial, el dominio de los cultivos ilícitos y las rutas de la cocaína.

El Ejército, con las fumigaciones aéreas de los plantíos, arrecia el temor y muchos abandonan sus raíces y salen con lo que tienen puesto. Unos van hacia el Ecuador en condición de refugiados y otros remontan la cordillera y llegan hasta las ciudades del valle del río Cauca, epicentros de ayuda humanitaria internacional y local.
“Una bala perdida es pa’cualquiera”

Son los ‘desplazados internos’ que tienen que dejar atrás sus tierras y cultivos porque como dice una mujer que salió de una vereda de El Charco, en Nariño, “una bala perdida es pa’cualquiera”.
“(…) Pues hubo el enfrentamiento de las FARC con el Ejército y debido a eso nos tocó salir de allá porque pues… una bala perdida es pa’cualquiera. Ya habían matado dos señoras, dos vecinas y no respondieron por esas muertes. Entonces, era mejor salir de allá (…) empezaba el tiroteo me decían los dos niños pequeños… Joan Sebastián y Luis Eduardo y Gener, que son los tres últimos, decían: “Oiga, ma, empezaron… El ta-ta-ta-ta es el del Ejército. Y el bum-bum es el de la guerrilla”. Yo: “Dejen la bulla, muchachos, que de pronto están por ahí por tierra y de pronto nos vienen y nos dicen algo”. “Ay, no amá… escuche…” Y eso cimbraba, cimbraba la tierra cuando empezaban el bombardeo de ellos. A los 20 minutos más o menos pasaban los helicópteros del Ejército, también “voliando” plomo si importar si los niños estuvieran en la orilla del río o atrás en el patio. A ellos no les interesaba nada”, afirmaba la Sra.

Sólo queda el destierro
Razones suficientes para salir corriendo y tratar de preservar la vida. Una vida incierta que arrancará de cero en ciudades que les resultarán hostiles porque la pobreza, el hacinamiento y el sentimiento de pérdida de dignidad serán el pan de cada día. Agobio que aumenta ante la certeza de que el retorno es una quimera.

El miedo parece dominarlo todo, aún en centros urbanos como Buenaventura, principal puerto sobre el Pacífico, con 350.000 habitantes, presa de la codicia de bandas delincuenciales adobadas por el lucrativo negocio de la coca y la prevista valorización de la tierra por megaproyectos oficiales. Entre enero y agosto de 2007, de acuerdo con la Fiscalía, se registraron 342 homicidios y 15 desapariciones; además, 25 explosiones dejaron 19 muertos y 126 heridos.
En el puerto la cosa está ‘muy grave’, dice un hombre de 60 años, a quien encontramos en una sede de la Pastoral Social del Episcopado católico de Palmira, haciendo fila para obtener la ‘remesa’ que entrega el Plan Mundial de Alimentos. Esta consiste en arroz, aceite, azúcar, sal, lentejas y bienestarina (complemento nutricional) con lo que él, su mujer, hijos y nietos paliarán el hambre el próximo mes.

” ¡Avemaría! En Buenaventura está eso es gravísimo, ¡gravísimo! Eso allá hay como cinco grupos que atacan la población. Partiendo desde las mismas autoridades. Porque eso, se agarran a bala con la guerrilla y con los paramilitares en pleno público, en plenos barrios. Allá en Buenaventura hay barrios que están casi completamente desocupados por eso. Por eso es que hay tanto, tanto, desplazado aquí en Palmira”, dice un hombre.

Ayuda humanitaria europea
Este año el Plan Global de ayuda humanitaria de la Comisión Europea en Colombia contempla asistencia de emergencia a 197 mil personas entre desplazados, víctimas del confinamiento por grupos armados, y refugiados en países limítrofes como Ecuador, Venezuela y Panamá. El monto de la ayuda es de 12 millones de euros, unos 33 mil millones de pesos, la mayor destinada por el organismo para América Latina y el Caribe. En la última década los aportes sumaron 100 millones de euros.

El desarraigo
Colombia es después de Sudan el país del mundo con mayor número de desplazados internos: 3,5 millones, de acuerdo con la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ACNUR, que también estima en casi medio millón los colombianos refugiados en países vecinos.
En realidad son muchos más porque el subregistro es grande. El temor hace que muchos prefieran el anonimato a un carné de desplazados que les permite – a veces el trámite tarda hasta un año- acceder a programas de capacitación, cupos escolares y atención en salud.

La readaptación a la nueva vida para adultos y niños es uno de los aspectos más complejos de la crisis humanitaria colombiana. En casi medio siglo de conflicto y de desarraigo generalizado, a los traumatismos inmediatos del desplazamiento forzado se suman los posteriores de la exclusión y las pérdidas afectivas irreparables. Las mujeres logran una reinserción laboral relativamente más rápida en oficios domésticos, en tanto los hombres al perder el rol de proveedores, sufren en su autoestima.

Para los niños, los efectos se traducen en lentos procesos de aprendizaje. Así lo expresa una maestra: “Uno encuentra constantemente los problemas sociales, familiares. Por ejemplo una niña que dice, ‘Profe, a mi me gustaría algún día conocer a mi papá. Algún día me gustaría conocerlo. Pero lastimosamente nunca va a serlo’. Le digo, “¿Por qué, Cristina, mija?” Me dice: ‘No, porque cuando yo salí del Putumayo mi mamá dijo que nunca volvería a ver a mi papá’. Su papá está muerto, nunca lo ve y nunca lo conoció. Y la niña, cuando lo dice en el salón se le escurren las lágrimas y a todos nos hace poner nostálgicos”.

¿Ha perdido la comunidad internacional sensibilidad frente al problema colombiano? ¿Tiene la crisis colombiana características particulares?
José María Echevarría, responsable en Colombia del Departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (Echo), dice que “es cierto que la comunidad internacional no tiene conocimiento de la situación en Colombia aunque todo el mundo sabe de la situación en Sudán”. Otra cosa, agrega, es la percepción en la Comisión Europea, que asigna a este país la mayor porción de ayuda humanitaria en la región.

Echevaerría se pregunta por la prolongación del conflicto: ¿Por qué, dice, en un país rico, con una democracia establecida, gente educada, territorios comunicados e instancias del Gobierno que responden, la situación de conflicto no mejora y cada año hay más desplazados?

Tal vez el interrogante sea: ¿A quién le sirve la guerra y cuántos se lucran de ella?

Fuente;María Isabel García (Bogotá)

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