Ernesto Che Guevara un verdadero héroe

By john | biografias

Oct 15

La elección de nuestro líder ideológico, en nuestros años estudiantiles a fines de los sesenta, no fue difícil. Marx ya nos había defraudado debido al fracaso mundial de la dictadura del proletariado. Mao tenía las manos manchadas con la sangre de los millones de víctimas durante la Revolución Cultural. Pero, Ernesto Che Guevara era un verdadero héroe, un hombre que murió luchando por sus ideales.

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En ese entonces no sabíamos por qué se debía escribir ‘Che’entre comillas, pero omitirlas era un signo de ignorancia. El Che era el más puro de todos los héroes de los estudiantes. En Cuba había combatido con éxito a los corruptos bandidos de la isla caribeña. Y aunque, tras una gloriosa victoria, hubiera podido disfrutar del poder junto a su compañero de batalla, Fidel Castro, prefirió regresar a la selva para exportar la revolución y liberar a los pobres de su yugo. Su rápida muerte, tras ser traicionado precisamente por quienes se proponía liberar, tan sólo contribuyó a aumentar su imagen heróica.Ernesto Che Guevara murió en Bolivia el 9 de octubre de 1967, en la víspera de las protestas estudiantiles que, desde París, Ámsterdam y Copenhague, alcanzarían incluso la costa occidental de Estados Unidos. Mientras los radicales se dedicaban a lanzar piedras en la capital francesa, y, en Ámsterdam, a ocupar Maagdenhuis, un centro administrativo estudiantil, los románticos estudiantes se limitaban a colgar afiches del Che en sus cuartos. En pensamientos apoyaban tanto la resistencia como al heroico Che.

Desde el punto de vista ideológico, la adoración carecía de profundidad. El escrito más importante del Che era ‘Diario de Bolivia’, que contenía una relación poco heroica del trajín diario en la selva, una enumeración de la cantidad de garrapatas en las piernas de sus hombres, y lamentos sobre la incomprensión por parte de la población local.

Y la incomprensión sí que era un hecho difícilmente aceptable, ya que el triunfante guerrillero había elegido a Bolivia, el país más pobre del continente, por considerar que su suelo era el más fértil para una revolución. Sin embargo, calculó erróneamente el abismo existente entre él, un médico intelectual, y los indigentes y desconfiados campesinos, que aún estaban excluidos de la economía monetaria.

Además, el Che era un médico proveniente de Argentina, ‘la Alemania de América Latina’. Eran muy pocos los bolivianos que comprendían el beneficio que les podía traer un arrogante argentino, ya que la población indígena nunca había tenido buenas experiencias con los blancos. Cinco siglos atrás, los colonizadores españoles se habían apoderado del oro y la plata de su país. Y los mestizos que, desde La Paz, gobernaban con mano dura el país tras la independencia tampoco merecían su confianza.

No es sorprendente, entonces, que aquel fatídico 8 de octubre de 1967, un alerta indígena traicionara al Che y sus camaradas. Un día después de su detención, el Che fue ejecutado, conforme la ley marcial, y su muerte sólo sirvió de distracción para la población local.

En los últimos años, el afiche del rostro del célebre guerrillero, con barba y boina, ha regresado a los cuartos de los estudiantes. Camisetas con la misma imagen se venden en los mercados de Hanoi y Quito, y posiblemente en muchos otros puestos de venta de ropa. Por tal razón, no me sorprendió que, hace unos pocos años, mi hijo de 18 apareciera una mañana y se sentara a desayunar vistiendo una de esas camisetas.

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Pero más preocupante me pareció que, poco después, me invitara a ver ‘Diarios de motocicleta’, una película sobre el viaje que, en 1952, Ernesto Guevara hiciera en motocicleta por su continente, y que sentó los fundamentos de su revolucionario sentido de justicia. Es innegablemente una bella película, pero, ¿le puede interesar a un joven de 18 años a comienzos del siglo 21?

fuente:Wim Jansen

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